No pasa nada.
Muchas veces sólo necesito sentarme y decirme que no pasa nada, escribírmelo, creérmelo. Esa guerra sucia entre la razón y la emoción... En mí ninguna gana, ninguna pierde. Viven batallando. Así estoy, así vivo. Confundida entre el humo y el estruendo de su confrontación.
Pero no pasa nada.
¿Lo ves? Me lo digo y me lo vuelvo a decir. Funciona aunque no lo parezca, sólo necesita tiempo.
Mi gato me arrulla y yo tengo tiempo y amor para sentarme a escribir así que todo está bien.
El viernes me voy a Tailandia. Queda poco, ¡no queda nada! Entre medias operan a Alberto así que estoy nerviosa. Por todo. Será un viaje largo y aventurero, siento una cierta inseguridad por dejar mi mundo pausado 20 días, tengo mucha curiosidad por cómo me sentiré yo allí.
¿Ves? Lo que te decía. El humo. Ya no sé por dónde iba. Ya no sé qué me agobia, que me tranquiliza, qué quiero decir o qué callar. Esta entrada es una mierda, pero representa el caos que siento y eso no hay que negarlo. Eso nunca. Acepto mi caos, me respeto aunque no me quiera.
Hace unos días fue Samhain. Fue 31 de octubre. Me encantan las fechas señaladas. Con los años empecé a valorar los símbolos, los rituales y su valor. Se cierra un ciclo y comienza otro. Se acabó la temporada de la cosecha, el verano, y llega el invierno. El dios vuelve al vientre de la diosa para renacer en primavera. Es la época de la Diosa, es mi época. Toca revivir, coger fuerza y seguir adelante aunque esté oscuro y haga frío. Más aún, toca ser felices.
Nos vemos a la vuelta.
(esperemos que con salud y sin nubes)